Skip to main content

Si Mallorca no está en tu lista de lugares que visitar este verano, probablemente debería estarlo. Situada en medio del mar Mediterráneo, la mayor de las Islas Baleares seduce con sus playas y calas de aguas cristalinas, pero también cuenta con muchos otros encantos, desde una capital cosmopolita hasta encantadores pueblos costeros y pintorescos pueblos en la Sierra de Tramontana. En este post, te contamos cómo llegar, qué ver y qué hacer para disfrutar de unas vacaciones inolvidables en este pequeño paraíso.

Cómo llegar a Mallorca

Llegar a Mallorca solo es posible por aire o por mar. La mayoría de los viajeros opta por el avión, ya que el Aeropuerto de Palma de Mallorca cuenta con conexiones directas con 196 destinos nacionales e internacionales gracias a 76 compañías aéreas. Otra alternativa es el ferry, que enlaza la isla con puertos de la península ibérica como Barcelona, Valencia o Dénia, además de mantener conexiones habituales con el resto del archipiélago balear: Formentera, Ibiza y Menorca.

Qué ver y hacer en Mallorca

Hay destinos que necesitan cientos de kilómetros para sorprender. Mallorca no. La mayor de las Islas Baleares concentra en apenas 3.640 kilómetros cuadrados una diversidad poco habitual: playas de arena blanca y aguas cristalinas, pueblos con encanto, joyas naturales y una oferta gastronómica que por sí sola ya justifica el viaje. Todo queda relativamente cerca. De hecho, de un extremo a otro de la isla apenas hay 100 kilómetros, una distancia que permite cambiar de paisaje y de plan en muy poco tiempo. Esa facilidad para combinar mar, cultura, naturaleza y gastronomía es una de las razones por las que Mallorca sigue siendo un destino tan atractivo en verano.

Si es tu primera vez en Mallorca y no quieres preocuparte por organizar el recorrido, un tour guiado puede ser una muy buena opción. Además de resultar cómodo, suele ser una forma asequible de descubrir la isla. Mallorca Premium Tours, por ejemplo, organiza visitas para perfiles muy distintos. Hay rutas por Palma que permiten conocer sus principales monumentos y recorrer con calma el casco histórico, pero también excursiones que ponen rumbo a la Sierra de Tramontana, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Es allí donde aparecen lugares como Valldemossa o Sóller, dos pueblos que conservan buena parte de la esencia de Mallorca y bien merecen una visita.

Si prefieres cambiar el asfalto por los caminos, los senderos costeros ofrecen recorridos sencillos con vistas al mar y acceso a pequeñas calas menos concurridas.

Valldemossa

Pocos lugares conservan el encanto de Valldemossa. Rodeado por las montañas de la Sierra de Tramontana, este pueblo mallorquín invita a recorrer sus calles sin prisas, entre casas de piedra, fachadas repletas de flores y rincones que parecen sacados de otra época. Buena parte de su atractivo está precisamente ahí, en una atmósfera que ha sabido mantenerse casi intacta con el paso de los siglos. Aun así, hay una visita que sobresale por encima del resto: la Cartuja de Valldemossa. Construida en el siglo XIV, este conjunto monumental alcanzó proyección internacional después de que Frédéric Chopin y George Sand pasaran aquí el invierno de 1838.

También existen conexiones regulares de autobús con Ibiza ciudad y otros municipios, aunque disponer de vehículo facilita mucho descubrir playas y pueblos cercanos sin depender de horarios.

Deià

Deià está a apenas 10 kilómetros de Valldemossa, pero tiene una personalidad completamente distinta. Enclavado en plena Sierra de Tramontana, este pequeño pueblo de casas de piedra color miel y calles empedradas lleva años cautivando a quienes buscan algo más que un bonito paisaje. No es casualidad que escritores, pintores y otros artistas eligieran este rincón de Mallorca para instalarse y crear. El británico Robert Graves fue uno de sus vecinos más ilustres, y su antigua casa puede visitarse hoy. Pasear sin prisa por Deià, asomarse al mirador de Sa Foradada o simplemente dejarse llevar por su ambiente basta para entender por qué sigue siendo uno de los lugares con más encanto de la isla.

Palma

Visitar Mallorca y no pasar por Palma es perderse una parte esencial de la isla. Su capital combina historia, cultura y un ambiente lleno de vida que se descubre mejor caminando sin rumbo. El gran icono de la ciudad es la Catedral de Santa María, conocida por todos como La Seu. Construida entre los siglos XIV y XVI, es la gran joya del gótico mallorquín y domina el perfil del casco antiguo junto a la bahía. Después, merece la pena acercarse al Castillo de Bellver y seguir explorando las calles del centro histórico, donde cada plaza, cada rincón y cada edificio cuentan una parte de la historia de Palma.

Sóller y su puerto

Sóller es uno de esos lugares que bien merecen una escapada desde Palma. Gran parte de su encanto empieza incluso antes de llegar, a bordo de un tren de madera que circula desde 1912 y cruza los espectaculares paisajes de la Sierra de Tramontana. Al bajar, te espera un casco histórico lleno de vida, con la iglesia de Sant Bartomeu presidiendo la plaza principal, perfecta para hacer una pausa y disfrutar de la gastronomía local. Después, nada mejor que subir al histórico tranvía de madera hasta el Puerto de Sóller. Allí podrás pasear junto al mar, descansar en la playa o acercarte al mirador de Santa Catalina y al Museo del Mar.

Alcudia

Alcudia, en el norte de Mallorca, tiene ese equilibrio difícil de encontrar entre un pueblo con mucha historia y un destino de playa. Basta con cruzar su muralla medieval para descubrir un casco antiguo lleno de calles estrechas, pequeñas plazas y edificios históricos que conservan buena parte de su esencia. Entre sus principales atractivos están las ruinas romanas y el mercado dominical, uno de los más concurridos de la isla. Y, a solo unos minutos, espera la Playa de Muro. Con casi seis kilómetros de arena blanca, aguas cristalinas y todo tipo de servicios, es una de las mejores opciones para quienes viajan en familia.

mallorca

Deja una respuesta