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Ibiza recibe viajeros con las más variadas expectativas, pero son los que buscan la aventura y los entornos diferentes los que terminan recordando y hablando con especial cariño de Santa Eulalia des Riu, lo hacen como uno de los lugares que más les sorprendió del viaje.

Sin el bullicio de otros puntos de la isla, su atractivo está precisamente en un paseo marítimo agradable, un puerto con mucha vida, restaurantes donde comer bien y sin prisas y una costa que se quedará grabada en la memoria para siempre.

Sin lugar a dudas, la mejor forma de conocer la localidad es caminar. Desde el puerto deportivo sale un paseo que acompaña la línea de costa y que, a medida que avanza, deja ver terrazas, pequeños comercios y rincones donde siempre parece haber alguien disfrutando del buen tiempo.

Si levantas la vista, verás enseguida el Puig de Missa. En la parte alta del municipio se conserva esta antigua iglesia fortificada, construida en el siglo XVI, que durante años sirvió como refugio frente a los ataques piratas. Hoy sigue siendo uno de los lugares más representativos de Santa Eulalia, sobre todo por las vistas que ofrece sobre el pueblo y el Mediterráneo.

Antes de marcharte, busca también el río que atraviesa la localidad. No es especialmente caudaloso, pero sí tiene una peculiaridad de ser el único río permanente de Baleares.

Playas para quedarse más tiempo del previsto

Hay playas que invitan a darse un baño rápido y seguir la ruta, pero la playa de Santa Eulalia resulta cómoda para pasar el día porque cuenta con todos los servicios cerca y unas aguas generalmente tranquilas. Aun así, si dispones de coche, merece la pena dedicar unas horas a explorar otras calas cercanas.

Cala Nova conserva un aire algo más salvaje y abierto, mientras que Cala Llonga destaca por su amplia bahía protegida por pinares. El agua suele estar muy calmada y el ambiente es especialmente familiar, algo que se agradece durante los meses de mayor afluencia.

También es una buena zona para alquilar un kayak o una tabla de paddle surf y descubrir la costa desde el mar.

Qué hacer cerca de Santa Eulalia

Una de las ventajas de alojarse aquí es que muchos de los lugares más conocidos del este de Ibiza quedan a pocos minutos.

Es Canar acoge el histórico mercadillo de Punta Arabí, donde artesanía, moda y música conviven desde hace décadas. Muy cerca se encuentra también Las Dalias, otro mercado que mantiene ese ambiente relajado tan característico de la isla y donde siempre merece la pena detenerse un rato, aunque solo sea para pasear entre sus puestos.

Si prefieres cambiar el asfalto por los caminos, los senderos costeros ofrecen recorridos sencillos con vistas al mar y acceso a pequeñas calas menos concurridas.

Cómo llegar sin complicaciones

Santa Eulalia está situada a unos veinte kilómetros del aeropuerto de Ibiza. En coche, el trayecto apenas supera los veinte minutos y las indicaciones son claras desde la salida del aeropuerto.

También existen conexiones regulares de autobús con Ibiza ciudad y otros municipios, aunque disponer de vehículo facilita mucho descubrir playas y pueblos cercanos sin depender de horarios.

Cala Llonga, una buena zona donde alojarse

Elegir alojamiento depende del tipo de viaje que se tenga en mente. Quienes buscan movimiento prefieren otras zonas de la isla, pero si la idea es descansar, Cala Llonga suele ser una apuesta segura. Está muy cerca de Santa Eulalia, rodeada de naturaleza y cuenta con una playa amplia donde el ambiente suele ser bastante tranquilo incluso en temporada alta.

Entre los establecimientos situados en esta zona se encuentra el Hotel El Pinar, un alojamiento ubicado junto a la playa que dispone de apartamentos y estudios equipados, piscina para adultos y niños y zonas ajardinadas. Su ubicación y el ambiente relajado hacen que reciba buenas valoraciones, especialmente entre familias y parejas que buscan una estancia tranquila.

En definitiva, quien visita Santa Eulalia suele llevarse una idea distinta de la isla. Aquí el protagonismo lo tienen los pequeños momentos, como un paseo al atardecer, una comida con vistas al puerto o una cala donde todavía es posible encontrar un rincón tranquilo.

Quizá por eso muchos viajeros acaban regresando, porque descubren una Ibiza menos conocida, pero también más auténtica, de esas que dejan ganas de volver cuando el viaje termina.

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