Después de varios días recorriendo la Estrada Nacional 2 en moto, decidimos descansar unos días en Lisboa como ya sabéis. Después de ver Sintra el día anterior, el Día 6 marcó un pequeño paréntesis en la ruta. Dejamos la carretera a un lado para no tocar la moto un día entero y sumergirnos de lleno en Lisboa, una ciudad que necesitaba ser caminada, sentida y vivida sin prisas. Tras la intensidad del día anterior en Sintra, este fue el momento de bajar el ritmo… o al menos cambiarlo. Asique nos pusimos las zapatillas y comenzamos el día para descubrir qué ver en Lisboa en un día.
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Lisboa es una ciudad exigente para las piernas, pero tremendamente agradecida. Cuestas, miradores, barrios con personalidad propia, plazas monumentales y un ambiente que mezcla lo tradicional con lo creativo hacen que cada paseo tenga recompensa.
Si quieres descubrir que imágenes y paisajes te vas a encontrar en cada parada, te dejamos aquí el Extra de Qué ver en Lisboa en un día pero puedes encontrar todas las paradas en nuestras redes sociales y nuestro canal de Youtube dónde tenemos una lista de vídeos de cada día en la N2. Con dar un me gusta y seguirnos ya nos estáis apoyando un montón y de esta manera no os perderéis nada.
Por adelantado, muchas gracias por leer este post 😊
👉 Canal de Youtube – Lista Ruta N2
En este post te contamos exactamente cómo fue nuestro Día 6 en Lisboa, siguiendo el orden real del día, con todos los lugares que visitamos, dónde comimos, qué nos sorprendió y qué nos hizo acabar agotados pero felices. No es una guía perfecta ni optimizada al milímetro: es nuestra experiencia tal y como la vivimos, pensada para ayudarte a organizar tu propia visita si formas parte de la Ruta EN2… o si simplemente quieres conocer Lisboa en un día bien aprovechado.
Índice
- 1 Empezar el día con buen sabor de boca – Cookielandia
- 2 Primeros pasos por Lisboa: plazas y miradores
- 3 Callejear sin rumbo (y encontrar lugares preciosos)
- 4 Praça de São Paulo y visita a la Iglesia de San Pablo
- 5 Calles icónicas y plazas monumentales
- 6 Miradores y Lisboa más auténtica
- 7 De nuevo al centro: la Lisboa más turística
- 8 Cena en LX Factory: el broche final del día
- 9 Final del Día 6: cansancio feliz y sensación de viaje completo
- 10 Continúa la ruta
- 11 Todo lo que necesitas para tu próxima visita a Lisboa
Empezar el día con buen sabor de boca – Cookielandia
Empezamos el día cogiendo fuerzas en una cafetería superoriginal, se llama Cookielandia, y la estética es totalmente única. Todo el local está en blanco y negro como si estuviera dibujado, no llega a marear pero si te da una pequeña sensación de desconcierto al entrar y ver todo como si fuera una cafetería de dibujos animados. Te lo recomendamos muchísimo porque el local es muy bonito, pero el desayuno le hacía justicia y estaba buenísimo. Además, aprovechamos para desayunar en compañía con unos familiares que estaban en la ciudad esos días también.
Cookies artesanas de diferentes sabores, cafés bien preparados y un ambiente moderno y acogedor que invita a sentarse sin prisas. Nos gustó especialmente porque no es el típico sitio turístico sin alma. Tiene personalidad, cuida el producto y se nota que hay cariño detrás de lo que hacen.
Este desayuno no fue solo especial por lo que comimos, sino por la compañía. Compartir mesa, comentar lo que nos esperaba ese día, repasar mentalmente el recorrido y reírnos de las anécdotas del día anterior en Sintra hizo que el momento tuviera todavía más valor.
Antes de continuar con el día, quisimos tener un pequeño gesto de agradecimiento con la persona que nos habían ayudado el día anterior con el imprevisto de la moto. Le compramos unas cookies de esta cafetería que estaban buenísimas y al salir fuimos a hacerle una visita para agradecerle todo lo que hizo por nosotros y darle ese detalle.
Primeros pasos por Lisboa: plazas y miradores
Tras el desayuno, empezamos a caminar hacia uno de los puntos más céntricos y simbólicos de la ciudad: la Praça dos Restauradores. Aquí se respira Lisboa desde el primer momento: tráfico, tranvías, edificios históricos y ese ritmo constante que tiene la capital portuguesa. El monumento, dedicado a la independencia de Portugal, marca además el inicio de la Avenida da Liberdade, una de las arterias principales de la ciudad.
Muy cerca se encuentran las famosas letras de Lisboa, un punto muy fotografiado y perfecto para una primera parada tranquila.
Funicular de Gloria: historia, curiosidad y contexto actual
Desde Restauradores, el siguiente punto fue el Funicular de Gloria, uno de los más conocidos de Lisboa. Este pequeño tranvía inclinado conecta la parte baja con el Bairro Alto y es una auténtica institución en la ciudad. Aunque hoy en día es muy utilizado por turistas, sigue siendo también un medio de transporte habitual para los locales.
Nos llamó la atención su aspecto algo envejecido, con grafitis y ese aire decadente tan característico de Lisboa. Es una mezcla curiosa entre historia, funcionalidad y realidad urbana. Nosotros no lo usamos, decidimos subir caminando para disfrutarlo desde fuera.
Lamentablemente, unos días después de nuestra visita hubo un terrible accidente en ese elevador, al salirse del carril y morir varias personas, durante un tiempo estará cerrado temporalmente. Hay varios elevadores de este tipo repartidos por la ciudad, pero este es uno de esos que tienes que ir a visitar sí o sí, siempre ha sido conocido en la ciudad.
Mirador de São Pedro de Alcântara: vistas para empezar el día con calma
El elevador sube hasta el Mirador de São Pedro de Alcântara, uno de los primeros miradores que disfrutamos durante este día. Desde aquí se obtiene una panorámica espectacular del centro histórico: el Castelo de São Jorge en lo alto, las casas de colores, las iglesias y el río Tajo al fondo.
Nosotros aprovechamos para acercarnos a Padaria Patriarcal, una de esas cafeterías de toda la vida de Lisboa que tienes que apuntar en tu lista de visitas porque tiene un encanto especial. Aquí compramos un pastel de nata y algo de beber y fuimos a comerlos al mirador con esas vistas tan bonitas. Perfecto para empezar el día tranquilos.
Callejear sin rumbo (y encontrar lugares preciosos)
Después del mirador, seguimos caminando sin un rumbo demasiado marcado, simplemente dejándonos llevar por las calles de Lisboa. Y fue así como llegó una de las grandes sorpresas del día. ¿Sabes esa foto mítica de Lisboa con el tranvía subiendo y el mar al fondo? Pues tiene un punto bastante concreto, y nosotros dimos con él casi por casualidad: Cç. Combro, parada 9903.
No lo llevábamos señalado ni sabíamos que fuera un lugar exacto en el mapa. Simplemente, vimos a varias personas haciendo fotos y lo entendimos al instante. El encuadre es perfecto: el tranvía, la pendiente, las fachadas lisboetas y el Tajo al fondo. Por supuesto, nos quedamos un buen rato haciendo fotos y disfrutando del momento antes de continuar el paseo.
Green Street de Lisboa: la calle más verde
Desde allí continuamos caminando hacia uno de los puntos que sí llevábamos apuntados: la Green Street de Lisboa. Y la verdad es que no defraudó. Es una calle pequeña, muy verde, decorada con plantas, enredaderas y detalles naturales que la hacen diferente a cualquier otra de la ciudad.
Nos pareció un rincón muy original y fotogénico, pero también muy agradable para pasear sin prisas. Es uno de esos sitios que no te lleva mucho tiempo visitar, pero que suma mucho a la experiencia de conocer Lisboa desde un punto de vista más alternativo y menos turístico.
Toda esta zona nos llamó especialmente la atención por su ambiente. Hay muchos bares y restaurantes con terrazas pequeñas y muy bien decoradas, rincones acogedores y una sensación de barrio muy auténtica. Aunque para nosotros todavía era un poco pronto para comer, tomamos nota mental de varios sitios que tenían muy buena pinta.
Además, vimos bastantes locales que anunciaban noches de fado, lo que nos hizo pensar que por la noche esta parte de Lisboa debe tener un ambiente todavía más especial, íntimo y muy ligado a la esencia de la ciudad. Sin duda, es una zona perfecta tanto para comer tranquilos como para volver al atardecer o por la noche y vivir Lisboa desde otro ritmo.
Praça de São Paulo y visita a la Iglesia de San Pablo
Después de varias horas caminando y descubriendo rincones con encanto, el cuerpo ya empezaba a pedir una pausa. Siguiendo nuestro paseo llegamos hasta la Praça de São Paulo, una plaza tranquila y muy agradable, perfecta para bajar el ritmo y sentarse un rato. Antes de comer, aprovechamos para entrar en la Iglesia de San Pablo, un templo sencillo pero bonito, que encaja muy bien con el ambiente calmado de esta zona de Lisboa.
Para comer elegimos Taberna Tosca, situada en la misma plaza. Un restaurante de cocina portuguesa con un aire moderno. Fue una elección totalmente acertada. Nosotros pedimos bacalao y unas gambas al ajillo al estilo portugués, y ambos platos estaban realmente buenos.
Esta parada para comer fue justo lo que necesitábamos: sentarnos, descansar las piernas, comer bien y disfrutar del ambiente sin prisas. Lisboa es una ciudad que invita a caminar mucho, y saber cuándo parar es casi tan importante como saber a dónde ir.
Calles icónicas y plazas monumentales
Pink Street: color, ambiente y personalidad
Después de comer retomamos la caminata y nos acercamos a ver la Pink Street de Lisboa, una de esas calles que tienen identidad propia. Ya la habíamos visto de noche en nuestra primera tarde en Lisboa, pero aprovechamos parar verla también durante el día. El suelo pintado de rosa, los paraguas colgando sobre las cabezas y el ambiente que se respira hacen que sea un lugar muy especial tanto de día como de noche. Aunque es conocida por su vida nocturna, durante el día también tiene muchísimo encanto y merece la visita.
Praça do Comércio: una de las plazas más impresionantes de Europa
Desde allí seguimos caminando hasta llegar a la Praça do Comércio, y la sensación al verla por primera vez es difícil de describir. Es enorme, elegante y abierta al río Tajo, lo que le da una amplitud y una luz espectaculares. Para nosotros fue, sin duda, una de las plazas más impresionantes que hemos visto en Europa.
Pararse unos minutos, observar el ir y venir de la gente, las fachadas amarillas, el arco triunfal y el reflejo del sol sobre el agua es casi obligatorio. Es uno de esos lugares que te hacen entender por qué Lisboa enamora tanto.
Con el calor que hacía, el cuerpo nos pedía un respiro dulce, así que aprovechamos para comprar un helado y acercarnos al mural de flores del Museum of Saint Anthony, uno de esos rincones muy “instagrameables”. El mural es precioso y la foto parecía una gran idea… hasta que intentamos disimular el helado en la mano y no salió del todo bien. Pero oye, forma parte del viaje y de los recuerdos reales, con risas incluidas.
Ese pequeño paréntesis nos vino genial para refrescarnos y seguir disfrutando del paseo sin prisas.
Catedral de Lisboa (La Sé de Lisboa)
Justo al lado se encuentra la Catedral de Lisboa, también conocida como la Sé, el templo más antiguo de la ciudad. Su aspecto robusto y casi fortificado recuerda a una iglesia románica medieval, y entrar en ella es hacer un pequeño viaje al pasado.
La catedral fue construida en el siglo XII, poco después de la reconquista cristiana, y ha sobrevivido a terremotos, reformas y siglos de historia. Un detalle práctico a tener en cuenta: no permiten entrar con comida ni bebida, así que si llevas un helado (como nos pasó a nosotros), tendrás que terminarlo antes de acceder. Aun así, la visita merece la pena, tanto por su valor histórico como por el contraste que ofrece con el bullicio del exterior.
Miradores y Lisboa más auténtica
Seguimos caminando hasta llegar al Mirador de Santa Luzia, nuestro segundo mirador del día y, para nosotros, uno de los más bonitos de Lisboa. Nada más llegar entiendes por qué siempre hay tanta gente disfrutando de este lugar: las vistas al Tajo son preciosas, el mirador está decorado con azulejos tradicionales en tonos azules que representan escenas históricas y el conjunto tiene un encanto muy especial.
Además, el ambiente acompaña muchísimo. Música de fondo, gente sentada tranquilamente, cámaras de fotos, parejas, viajeros… Todo invita a parar un rato, sentarse y simplemente disfrutar. La mezcla de azul del río, verde de las buganvillas y la luz lisboeta crea una postal perfecta.
Monasterio de São Vicente de Fora: historia y visita parcial
Desde el mirador continuamos hacia el Monasterio de São Vicente de Fora, uno de los complejos religiosos más importantes de la ciudad. Este monasterio fue fundado en el siglo XII y ha tenido un papel clave en la historia de Lisboa, tanto a nivel religioso como político.
Cuando llegamos, por la hora, solo pudimos acceder a la zona de la iglesia, pero aun así merece la pena. El edificio es imponente y transmite esa sensación de historia y solemnidad que tienen los grandes monasterios portugueses. Si quieres visitarlo completo —claustros, azulejos y terrazas— lo ideal es comprar la entrada con antelación y planificar bien el horario.
Panteón Nacional: qué es y cómo visitarlo
Nuestra siguiente parada fue el Panteón Nacional, aunque ese día lo encontramos cerrado. Aun así, verlo por fuera ya impresiona. Este edificio alberga las tumbas de algunas de las figuras más importantes de la historia de Portugal, como presidentes, escritores o artistas destacados.
El Panteón se puede visitar por dentro y la entrada cuesta alrededor de 10 euros, comprándose fácilmente online. Además del valor histórico, uno de sus grandes atractivos es la vista desde la cúpula, desde donde se obtiene una panorámica preciosa de Lisboa y del río Tajo. Aunque no pudimos entrar, lo dejamos apuntado como visita pendiente para una próxima ocasión.
Alfama: el barrio más auténtico de Lisboa
Todo este recorrido lo hicimos atravesando Alfama, uno de los barrios con más personalidad de Lisboa. Antiguo barrio de pescadores, Alfama conserva un trazado de calles estrechas, empinadas y llenas de vida, muy diferente a las zonas más monumentales y abiertas de la ciudad.
Aquí Lisboa se siente más auténtica: ropa tendida en los balcones, vecinos charlando en la puerta de casa, pequeños bares y restaurantes tradicionales, y ese aire de barrio que parece resistirse al paso del tiempo. Desde el Panteón Nacional comenzamos a bajar de nuevo por Alfama, callejeando sin rumbo fijo hasta regresar otra vez a la Praça do Comércio. Da igual cuántas veces pases por ella: siempre vuelve a impresionar y a cerrar el círculo perfecto entre la Lisboa más auténtica y la más monumental.
De nuevo al centro: la Lisboa más turística
Desde la Praça do Comércio cruzamos el imponente Arco da Rua Augusta, una de las entradas más emblemáticas al centro histórico de Lisboa. Al pasar bajo el arco se nota el cambio inmediato de ambiente: más gente, más ruido, más movimiento… y una Lisboa claramente más turística, pero no por ello menos interesante.
Este punto marca la transición entre la Lisboa abierta al río y la Lisboa comercial y urbana. El arco, además de ser un icono arquitectónico, simboliza ese acceso al corazón más concurrido de la ciudad.
Nada más adentrarte en esta zona, los tranvías amarillos se convierten en protagonistas absolutos. Verlos pasar entre la gente, sonar sus campanas y recorrer calles llenas de vida es una de esas estampas que solo existen en Lisboa. Aquí se respira un ambiente muy animado, con músicos callejeros, tiendas, terrazas y viajeros de todas partes del mundo.
Se nota que es una zona más preparada para el turismo, con calles amplias, fachadas cuidadas y comercios pensados para el visitante, pero aun así conserva mucho encanto.
Merienda en Potato Project Portugal
Después de varias horas caminando, tocaba hacer una pausa. Decidimos merendar en Potato Project Portugal, famosos por sus patatas con salsas. Fue una parada perfecta para sentarnos un rato, descansar las piernas y recargar energía antes de seguir explorando.
No es el sitio más tradicional, pero sí una opción cómoda, rápida y bastante popular entre quienes recorren el centro de Lisboa a pie.
Continuamos por la Rua Augusta hasta llegar a la Plaza Dom Pedro IV, más conocida como Rossio. Es una de las plazas más importantes y animadas de la ciudad, con su característico suelo ondulado y edificios históricos que la rodean.
Aquí te recomendamos parar en Pérola do Rossio, una tienda mítica para comprar café portugués de calidad. Tiene muy buena fama y es ideal para llevarte un recuerdo gastronómico del viaje. En nuestro caso, cuando llegamos estaban justo cerrando, así que nos quedamos con las ganas.
Elevador de Santa Justa y Museu do Carmo
Muy cerca de Rossio se encuentran dos puntos imprescindibles de Lisboa: el Elevador de Santa Justa y el Museu Arqueológico do Carmo. Ambos merecen una visita, aunque nosotros ya los habíamos visto en nuestro primer día en la ciudad, así que esta vez los dejamos solo como referencia.
El elevador es una de las estructuras más icónicas de Lisboa y el museo, situado en las ruinas del antiguo convento, ofrece una de las imágenes más impactantes de la ciudad. Si es tu primera vez en Lisboa, te recomendamos encajarlos en tu ruta sin dudarlo.
Cena en LX Factory: el broche final del día
Desde la Plaza Dom Pedro IV (Rossio) cogimos un autobús para desplazarnos hasta LX Factory, el lugar que habíamos elegido para cenar y cerrar el día. LX Factory es uno de esos espacios que definen la Lisboa más creativa y alternativa. Ubicado en una antigua zona industrial, hoy es un complejo cultural lleno de vida, donde antiguas fábricas conviven con restaurantes, tiendas, arte urbano y proyectos creativos.
Es un sitio muy diferente al centro histórico: más moderno, más juvenil y con un ambiente muy dinámico. Tanto de día como de noche tiene muchísimo encanto, pero al caer la tarde se vuelve especialmente atractivo. Su foto bajo el puente 25 de abril de Lisboa es una de las instantáneas que debes tener de Lisboa y recuerda enormemente a Nueva York
Librería Ler Devagar: una de las más bonitas de Lisboa
Teníamos clara nuestra primera parada nada más llegar: Ler Devagar, una de las librerías más famosas y bonitas de Lisboa. Y sinceramente, no nos extraña nada su fama. El espacio es enorme, con estanterías altísimas, bicicletas suspendidas en el aire y una atmósfera muy especial. Una visita totalmente imprescindible dentro de LX Factory.
En LX Factory volvimos a encontrarnos con la obra de Bordalo II, esta vez en forma de una abeja preciosa. Este artista urbano portugués, conocido por crear animales gigantes a partir de residuos y materiales reciclados, nos había ido acompañando durante todo el viaje en distintos puntos de Portugal.
Su obra nos encantó desde el primer momento: no solo por lo visualmente impactante, sino por el mensaje que transmite sobre el consumo, el medio ambiente y la reutilización de materiales. Encontrarnos con otra de sus piezas aquí fue casi como cerrar un círculo dentro del viaje.
Arte, tiendas, grafitis y ambiente creativo
Antes de cenar dimos un buen paseo por todo el complejo. LX Factory es muy curioso porque, sobre los restaurantes y bares, hay tiendas pequeñas, zonas de artesanía, galerías de arte, murales de grafitis y hasta espacios donde se imparten clases de baile.
Todo respira creatividad y un espíritu urbano muy marcado. Es un sitio que no se visita con prisas: merece la pena perderse un poco, mirar escaparates, fotografiar murales y simplemente dejarse llevar por el ambiente.
Para cenar elegimos un local especializado en pollo frito, perfecto para una comida informal después de un día tan largo. Fue una cena sencilla, sin complicaciones, justo lo que necesitábamos para recuperar fuerzas. Además, aprovechamos para reencontrarnos y cenar con nuestros familiares y así contarnos todo lo que habíamos hecho en el día.
Eso sí, si este tipo de comida no es lo tuyo, en LX Factory encontrarás muchísimas opciones: cocina portuguesa, internacional, vegetariana, hamburguesas, pizzas… hay alternativas para todos los gustos y presupuestos.
Con esta cena dimos por cerrado nuestro intenso día en Lisboa. Volvimos al hotel con la sensación de haber aprovechado el día al máximo y con la cabeza llena de imágenes. Al día siguiente tocaba visitar Belém y volver, por fin, a la Estrada Nacional 2 para continuar nuestra aventura hacia el sur.
Final del Día 6: cansancio feliz y sensación de viaje completo
El Día 6 fue, sin duda, uno de los más largos y completos de todo el viaje. Caminamos durante horas, enlazamos barrios muy diferentes, subimos y bajamos cuestas, visitamos miradores, plazas, iglesias y rincones icónicos… y aun así, al terminar el día, la sensación no era de agotamiento negativo, sino de cansancio feliz. De ese que aparece cuando sabes que has exprimido bien el tiempo y que cada paso ha merecido la pena.
Lisboa es una ciudad exigente a nivel físico si decides recorrerla a pie, pero también tremendamente agradecida. Fue un día intenso, sí, pero perfectamente equilibrado.
Lisboa nos conquistó por su mezcla constante de contrastes: lo histórico y lo moderno, lo turístico y lo auténtico, lo tranquilo y lo vibrante. En un mismo día pasamos de miradores silenciosos con vistas al Tajo a calles llenas de vida, arte urbano, tranvías y terrazas repletas de gente.
Lisboa nos dio muchísimo en un solo día, y justo por eso fue importante cerrar la jornada con calma, organizar el día siguiente (ya que nos quedaba uno de los monumentos más importantes de la capital para la mañana siguiente) y dejar que el cuerpo se recuperara.
Continúa la ruta
👉 Si has aparecido en este post y quieres ver toda la ruta te dejamos aquí el primero para que puedas seguirlos en orden – Estrada Nacional 2: la Ruta 66 portuguesa | Guía completa para recorrer Portugal de norte a sur en moto
👉 Siguiente día – Día 7 Estrada Nacional 2: de Belém a Aljustrel, del bullicio de Lisboa al silencio del Alentejo
👉 Si quieres volver al día anterior – Día 5 Estrada Nacional 2: Excursión a Sintra desde Lisboa, palacios, bosques y un problema inesperado
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